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Massimo Recalcati habla sobre “La hora de clase” (Subt. en español) - L'ora di Lezione - AI Summary, Mind Map & Transcript | Marcelo Robledo | YouTubeToText
YouTube Transcript: Massimo Recalcati habla sobre “La hora de clase” (Subt. en español) - L'ora di Lezione
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This content is a transcript of a lecture by Massimo Recalcati, discussing the essence of teaching and learning, emphasizing the "erotics of teaching" – the vital, passionate connection between teacher and subject matter that ignites student desire for knowledge.
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<i>(Suena el 1º movimiento del Concierto N.º 2 “Verano”, de A. Vivaldi)</i>
Massimo Recalcati dialoga con estudiantes
a partir de su libro
“<i>La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza”</i>
(Anagrama, 2016).
El encuentro formó parte de la programación
de la sexta edición de THE MOBY DICK FESTIVAL “Detour”
y fue transmitido en vivo el 27 de mayo de 2023,
por Youtube a través del canal del Instituto Estatal
de Instrucción Superior San Giovanni Valdarno,
desde el auditorio Le Fornacci de
Terranuova Bracciolini (Toscana, Italia).
(https://www.youtube.com/watch?v=eo-dHpTvrVI)
<i>(El público aplaude)</i>
— Buenos días a todos
Es un honor inmenso estar hoy
en los Future Labs del ISIS "Valdarno"
teniendo como invitado al profesor
Massimo Recalcati. Con una audiencia... creo...
la más hermosa a la que se puede aspirar
cuando se presenta
el propio arte,
la propia vivencia,
las ganas de comunicarse con los demás...
Una audiencia de estudiantes
del ISIS "Valdarno",
del Liceo Varchi
y de San Giovanni Valdarno.
Debo agradecer, como director de la escuela,
a la organización del Moby Dick Festival
y a la administración comunal de Terranuova Bracciolini,
que ha acogido durante años
al profesor Recalcati, que se ha convertido en un amigo,
imprescindible para este evento, y
este año
se ha prestado
a este experimento, a este encuentro,
para que las chicas y chicos de nuestras escuelas
puedan tener una interesantísima hora de clase.
Así que "la hora de clase"
del profesor Recalcati,
para nuestras chicas y nuestros chicos. Que lo disfruten.
<i>(Aplausos)</i>
— Bien, buenos días a todos y gracias por esta invitación.
La llamemos la "media hora" de clase,
porque hablaré durante media hora, y luego
me gustaría discutir,
conversar con ustedes.
Aunque media hora es un tiempo importante...
Pueden suceder infinitas cosas en media hora.
Partiré de...
una consideración que le compartía a un amigo,
de los que vinieron conmigo esta mañana...
Esto es que cada vez que entro en una escuela
me siento en casa.
Muy extraño, esto.
Muy extraño para alguien como yo,
que vivió la escuela como un trauma.
He sido probablemente el último niño
del reino unido en ser reprobado en segundo grado
y fui reprobado en segundo grado.
Hoy ya no existe la repetición en segundo grado.
Luego reprobado en segundo de bachillerato
y después... basta... dos repeticiones, digamos... es suficiente.
Pero es importante la primera repetición
en segundo grado.
Fue aplicada por una maestra...
Yo asistía a la escuela primaria
de Cernusco sul Naviglio, que es una pequeña
ciudad en la provincia de Milán...
Esta maestra, en cambio, venía de Milán.
Tenía un chignon... así se llama, un peinado extraño...
Fumaba Muratti.
Votaba al Movimiento Social Italiano.
Y recuerdo de ella esta lección
que para mí fue la clase traumática,
en la que decidí que desde ese momento
no escucharía más
una palabra de lo que se me dijera.
La lección fue la siguiente:
en un día de lluvia, nos preguntó,
Niños, díganme ¿por qué
el fuego es bello?
¿en qué consiste la belleza del fuego?
Entonces, de uno en uno, nosotros
intentábamos decir
en qué consiste la belleza del fuego...
porque está lleno de colores,
porque calienta, porque permite la convivencia,
porque los cowboys en la pradera encienden el fuego,
porque... etc., etc.
En cierto momento, ella nos interrumpe
con cierta violencia y nos dice: "¡No, no han entendido nada...!"
"¡el fuego es hermoso porque se mueve!"
Entonces, en ese momento, cuando escuché estas palabras, dije:
"Tú ya no tendrás mi atención".
Yo era un niño de nueve años...
¿Por qué esta posición de esta maestra es violenta?
Porque nos decía que había una sola forma correcta
de decir la belleza del fuego.
Es decir, hizo lo contrario de lo que debería hacer la escuela.
La escuela debería enseñar
que existen muchas formas de decir la belleza del fuego,
que no hay un único modo de decir la belleza del fuego,
que no existe una sola lengua,
un solo pensamiento,
una solo modo de ver, digámoslo así, el mundo.
Y de ahí nace mi primera rebelión,
hasta el punto de que mis padres fueron llamados
y la escuela les dijo: "Su hijo no es normal".
Me llevaron a una "escuela especial"...
se llamaba así las escuelas
donde iban los niños con fuertes discapacidades
intelectuales o físicas...
Entonces, me acuerdo que
mis padres me llevaron a esta escuela...
Y mi padre me miraba...
En milanés se dice "titta se no in sci",
que quiere decir "Tú no eres así".
Así que repetí el año, y de ahi
volví a empezar... digamos...
¿Por qué les cuento esta historia?
Porque la escuela es un lugar de encuentros
y los encuentros pueden ser
traumáticos, como este que les he contado.
Pueden alejarnos de la escuela, alejarnos de la cultura, alejarnos del saber...
Pueden crear alergias, rechazo, rebeldía, anorexia mental,
como la que desarrollé en esos años.
Pero también hay encuentros extraordinariamente importantes
que cambian nuestra vida.
¿Y cuándo ocurren los encuentros extraordinariamente importantes?
Si lo pensamos, la escuela, incluso esta escuela, está hecha de...
Siempre, toda escuela está hecha de dos almas:
por una parte está el alma gris del dispositivo,
que significa jerarquía, calendarios, programas, rutina, burocracia, aburrimiento.
La escuela está hecha... de expedientes,
está hecha de programas, de evaluaciones...
Programas siempre idénticos a sí mismos,
que consumen incluso a los mejores maestros.
El "burnout" es un fenómeno que conocemos
y que alcanza muy a menudo a los docentes,
que se encuentran repitiendo
por décadas los mismos programas, y al final
se consumen en el "grisáceo" de esta repetición,
Lo mismo le sucede a los alumnos.
Esta alma gris del dispositivo escuela
es el alma que permite a una escuela funcionar...
Se necesitan programas,
se necesitan calendarios, se necesitan evaluaciones,
etc., etc.
Pero hay una segunda alma de la escuela
que no debemos olvidar jamás
y que hace que la escuela
no sea solo un dispositivo gris, sino que se asemeje a la luz,
a la experiencia de la luz...
Cuando nosotros encontramos en la escuela un maestro...
... esto vale para la primaria, vale para la universidad...
cuando encontramos la voz de un maestro,
nostros hacemos experiencia de la luz...
esto es, de un mundo que se abre de un modo nuevo.
Y no solo un mundo que se abre de un modo nuevo
y que luego abre a su vez otros infinitos mundos.
Esto es lo que sucede cuando encontramos un maestro que sabe enseñar.
Enseñar... este verbo... enseñar
tiene su matriz etimológica en el...
el "enseñante" es aquel que deja un signo.
Enseñar significa dejar un signo.
Cuando encontramos un maestro, somos enseñados,
es decir, sobre nosotros se imprime un signo.
Entonces, la pregunta es
¿de qué naturaleza es el signo que se imprime en nosotros gracias a la enseñanza?
¿Qué deja la voz de un maestro? ¿Qué deja la palabra de un maestro?
¿Cuál es el signo que deja en nosotros la palabra de un maestro?
Este signo que la enseñanza imprime en nosotros...
cuando ocurre, cuando sucede...
es muy diferente de aquel que dejó mi maestra... — Pinchetti, se llamaba —
que nos odiaba...
Estaba claramente
mal dispuesta hacia nosotros... nos consideraba sujetos bárbaros
respecto de la vida de la ciudad.
Por lo tanto, enseñaba con intolerancia.
No ha dejado ningún signo.
Los maestros que dejan el signo
dejan una impronta viva que
se asemeja mucho a algo que llamamos fuego.
Efectivamente, otro fuego.
¿Qué es el signo que deja la enseñanza? No está hecho del saber.
Si ahora pienso en mis maestros,
los que tuve —no solo Pinchetti—,
todos los que tuve hasta la universidad,
donde encontré grandes maestros...
Si pienso en mis maestros,
¿cuáles son los que no olvido?
Si todos pensamos, incluso ustedes a su edad
pueden pensar en todos los maestros que han tenido...
hay alguno entre ellos que no han olvidado...
y por qué... ¿y qué es lo que no han olvidado?
¿Qué no he olvidado de mis maestros?
No tanto el contenido del saber que han transmitido...
no las matemáticas, no la historia, no la filosofía,
sino que no he olvidado el estilo
a través del cual aquellos contenidos han sido transmitidos.
El signo que la enseñanza deja en cada uno de nosotros
está hecho del estilo.
¿Y qué es el estilo... el estilo de un maestro?
es el modo, yo digo erótico, con el que un maestro entra en relación con los objetos de su saber.
Hay un erotismo de la enseñanza.
Hay maestros que entran en la clase y no encienden fuegos.
Su palabra nace ya muerta,
semimuerta, semiviva.
No causan interés.
¿Y por qué sucede esto? Porque su estilo,
su relación con el objeto del saber
es una relación carente de vida,
carente de deseo. Entonces, ¿quién es un maestro?
Un maestro es aquel que tiene una relación vital, erótica,
con el saber que enseña.
Y en la medida en que tiene una relación erótica,
vital, con el saber que enseña,
produce un doble milagro,
que es el milagro de la hora de clase... cuando sucede.
Primer milagro,
transforma todos los objetos de los que habla: los números,
la geografía, las leyes de la gramática,
las pinturas, los conceptos,
las poesías... Transforma todos los objetos de los que se ocupa,
en cuerpos...
—uso la palabra pesándola—
en cuerpos eróticos.
Todos estos objetos se transfiguran en cuerpos.
Primer milagro.
El objeto teórico se convierte en cuerpo,
se convierte en un cuerpo, se convierte en algo vivo.
Este milagro produce un segundo milagro en quien escucha,
esto es, en los alumnos.
Los alumnos se transforman, en tal caso, de cabezas vacías
que deben ser llenadas
con el saber del maestro...
de contenedores que deben ser llenados...
se transforman en amantes,
es decir, en sujetos que quieren tocar esos cuerpos,
sentir esos cuerpos.
Doble transformación: el objeto teórico se convierte en cuerpo;
el alumno... de calabaza vacía, cabeza vacía,
de vaso vacío, que debe ser llenado...
se transforma en amante,
en alguien que quiere tocar esos cuerpos.
Tenemos en la historia de la filosofía
una escena que resume todo esto,
y la encontramos al principio de un diálogo de Platón, fundamental,
titulado "El Banquete".
En este diálogo sucede que
Agatone,
un joven rico e intelectual,
organiza una cena,
un banquete precisamente, para discutir sobre la naturaleza
la verdadera naturaleza de Eros,
sobre la verdadera naturaleza del amor.
En este banquete participan intelectuales, artistas,
escritores, hombres de teatro.
Y todos esperan la llegada de Sócrates, el maestro...
que no llega.
El diálogo se abre con la espera
de Agatone, de su maestro .
Le dicen a Agatone que Sócrates está retrasado porque...
como a menudo le sucedía...
la verdad le ha hablado,
y ha sido impactado por este encuentro con la verdad.
Así que llega Sócrates tarde, apurado...
Podemos imaginarlo... retrasado...
Agatone va a su encuentro:
—Maestro!
Finalmente ha llegado, y Agatone
le pide a Sócrates sentarse a su lado
durante la cena,
y en Agatone se fortalece
la ilusión de que tener al maestro a su lado
significa —cito a Platón—,
ofrecer al saber del maestro la propria mente
como una copa vacía
que el líquido del saber del maestro podría llenar,
colmar.
Agatone alimenta una ilusión escolástica.
¿Cuál es la ilusión escolástica?
Que el aprendizaje significa
ofrecer nuestra cabeza vacía
y hacerse llenar por el saber del maestro.
Es una ilusión que todos compartimos,
de la cual se alimenta la escuela, en ciertos aspectos,
incluso la universidad.
La idea de que el aprendizaje sea, justamente,
ser colmados por el saber del maestro,
ser llenados por el saber del maestro.
¿Cuál es el gesto de Sócrates?
Que es el gesto del maestro, efectivamente, el gesto
desde el cual podemos empezar a entender
el sentido mismo de la didáctica...
Sócrates le dice a Agatone: "pero yo no solo
—como dice a menudo Sócrates—,
no solo que no tengo el saber que esperas de mí,
no solo no tengo este saber"...
para quien conoce un poco de filosofía sabe que esta es
la postura fundamental de Sócrates,
es decir, yo sé que no sé,
entonces, no solo yo no tengo el saber que tú buscas,
sino que —aquí está el verdadero gesto del maestro—,
sino que yo deseo
saber el saber que no sé. Deseo saber.
Este es el testimonio que cada maestro debe dar en el acto de su enseñanza.
No solo transmitir lo que sabe,
sino el deseo de saber.
Transmitir el deseo de saber.
Repito, no transmitir solo lo que sabe,
sino transmitir el deseo de saber.
Transmitir el deseo de saber significa encender...
encender el fuego,
encender la dimensión erótica del deseo de saber.
Esta es la función fundamental de la escuela.
No solo transmitir información,
no solo transmitir el saber,
no solo transmitir lenguajes,
sino que mientras transmite el saber
transmite el lenguaje y transmite el deseo de saber.
Y esto implica que el maestro no posea todo el saber.
Me detengo —y luego discutimos— sobre una última escena...
también autobiográfica,
que quiero contarles
para decirles cómo funciona un maestro
y qué es verdaderamente un encuentro que deja el signo.
Tuve un profesor —que no era mi profesor...
mi maestro...
aquel con el que me formé en la universidad,
que se llama Franco Ferniani—.
Tuve otro muy conocido,
que quizás quien estudia filosofía entre ustedes
conoce porque
ha escrito algunos
de los manuales más importantes de la historia de la filosofía,
que se llama Mario Dal Prà...
Mario Dal Prà enseñó durante muchos años
en la universidad estatal de Milán,
que yo frecuentaba.
Era un hombrecito alto así, que se vestía siempre de gris...
Tenía dos trajes,
uno liviano y uno abrigado
que cambiaba verano, invierno...
porque entonces los cursos eran anuales...
Y venía siempre vestido del mismo modo...
Con una carpeta en las manos...
de apuntes... Antes de que él entrara en la gran aula 211,
que es un anfiteatro, lleno,
repleto de alumnos, desfilaban sus cuatro asistentes...
Era un ritual...
primero los cuatro asistentes,
luego llegaba él, pequeñito,
ponía sus libros en el escritorio,
su carpeta de apuntes, y comenzaba a hablar.
Y era la luz.
Hablaba.
Cuando me inscribí en la universidad,
él era el último año que enseñaba,
así que tuve la suerte de seguir
su último curso...
Pero en la guía que se entregaba a los ingresantes...
yo era un ingresante que venía de una escuela
desastrosa... Yo había hecho
el instituto técnico
profesional
de cultivo de plantas tropicales en invernaderos.
Mis padres eran floricultores.
Así que digamos, mi padre
me impuso este tipo de carrera que...
...Piensen que en el examen de graduación,
la segunda prueba era sobre usos del abono...
sobre la mierda, básicamente,
en la agricultura italiana.
Así que obedecí hasta los 18 años.
Luego, en un cierto punto dije: "Quiero hacer otra cosa",
e hice filosofía...
Pero hice filosofía con vergüenza
porque no tenía...
había tratado de llenar
como autodidacta mis lagunas
estudiando el latín
estudiando la historia de la filosofía,
después estudiando idiomas,
todo solo,
pero el primer año
llegaba con una formación... sin ninguna formación...
Y en la guía,
cuando leí que estaba Dal Pra, y mis amigos
que habían cursado en el (Liceo) Parini, me decían
"Dal Pra, no te lo puedes perder"...
y yo ni siquiera sabía quién era...
Y en la guía... Dal Prà...
su curso... que estaba dedicado al
análisis de la estructura
teorética de la ciencia de la lógica de Hegel...
que para aquellos que tienen una idea, es un texto ilegible, digamos.
Así que... les aclaro...
el curso no estaba aconsejado para los ingresantes...
Así que... yo tenía una formación desastroza..
Además, el profesor
nos decía que era mejor que no asistiéramos,
pero no perdí la oportunidad.
Así que, al principio, escuchaba las clases desde
fuera de la puerta
porque me intimidaba entrar al aula.
Luego decidí entrar
y seguí este curso.
En este curso, que fue para mí
uno de los cursos más importantes
para mi formación filosófica,
Dal Prà comentaba el texto de Hegel...
un texto realmente al límite de lo legible.
Y lo hacía de la siguiente manera: tenía el texto alemán...
el texto en italiano... leía en alemán...
luego leía en italiano, y comentaba.
Cuando escuchábamos el alemán...
bueno, yo no entendía nada,
lo estudié después, pero no entendía una palabra.
Luego en italiano... no entendía una palabra,
como si fuera el alemán,
digamos igual.
Y luego llegaban sus palabras... y todo el texto se iluminaba.
Esta es la maravilla de la hora de clase.
Estamos frente a un laberinto,
a un enredo de palabras incomprensibles,
y la palabra del maestro porta la luz
y todo se vuelve claro.
Un milagro, pero mientras hacía esto,
es decir, mientras traía la luz en la oscuridad del texto,
cada vez...
y luego comprendí que era un método, que no era por casualidad...
lo entendí más tarde... Cada vez
había al menos un momento durante la clase en el que decía...
leía la frase, la releía,
la releía por tercera vez, y despues hacía así:
Chicos,
aquí no se puede entender...
Quién sabe qué había visto.
Pensábamos de qué se habrá dado cuenta,
pero digamos, quién sabe qué había visto... Y seguía adelante.
¿Cuál era el efecto de este tropiezo,
de esta imposibilidad del maestro de llegar hasta el final,
de aprovechar
el significado hasta el final,
de disolver completamente la oscuridad?
Era el hecho de que inmediantamente después todos nosotros,
la mayoría de nosotros,
íbamos a releer
el punto donde el maestro se había perdido.
Es decir que esa frase se convertía en un imán,
porque en ese momento
el maestro había dado testimonio socrático
del deseo de saber.
Hay algo que quiero saber,
aunque tenga que detenerme
frente al límite de mi saber,
aunque no pueda descifrarlo,
pero ese misterio es lo que causa el deseo de saber.
Esto fue para mí una gran enseñanza,
porque hace falta esperar del maestro la luz,
pero es preciso esperar
que la luz del maestro no disuelva completamente
el misterio.
La media hora de clase ha terminado...
<i>(Aplausos)</i>
Si... si tengo el sentido del tiempo que suelo tener...
entonces, ahora
hagamos rondar el micrófono.
— Yo hago de ayudante, estoy acostumbrado,
paso el micrófono.
Ahora necesitamos un rompehielos.
— Tienen como ayudante a uno
de los mayores traductores italianos vivientes.
— Vamos! Vamos!
No se queden... ha dicho cosas bellísimas
—Usted en sus obras a menudo le gusta hablar
de la ausencia de la figura del padre en estos días,
y habla también del complejo de Telémaco,
es decir, de la virtuosa espera del regreso del padre,
que representa no solo la figura
paterna sino también
un concepto de ley, un concepto de estabilidad,
de seguridad.
Además de este concepto de la espera
¿usted piensa que Telémaco debe integrar
su espera con acciones más activas?
¿o ponerse en marcha,
tomar la iniciativa a pesar de la ausencia de una guía?
¿O su idea va más
hacia una espera para no arriesgarse a cometer errores
durante la ausencia del maestro?
— ¿Qué hago? ¿Respondo uno a la vez?
Doy respuestas breves.
Tú haces referencia a un libro
que se publicó en 2013,
que se llama "Il complesso di Telemaco" (El complejo de Telémaco), donde
mi lectura de Telémaco es la siguiente:
Nosotros estamos acostumbrados a pensar que Telémaco
sea una figura de la espera.
En Homero,
el autor de la Odisea, Telémaco es una figura de la espera.
Espera el regreso del padre... Ulises,
que está
perdido en el mar
después de emprender el regreso de Troya hacia Ítaca...
Entonces, Telémaco sería una figura de la nostalgia,
es decir, de una espera infinita.
Se asemejaría
a los personajes de 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett.
Esperan a alguien que está destinado a no llegar jamás.
Todo el trabajo que desarrollo en este libro
es contrastar
esta representación clásica de Telémaco
y mostrar que en Homero, ya en Homero,
la Odisea se abre en realidad con la 'Telemaquía'.
La 'Telemaquía' es el primer libro de la Odisea
y describe el viaje de Telémaco.
Después están todas las aventuras de Ulises.
Así que tenemos dos Telémacos:
el Telémaco del que tú hablas...
y del que Occidente ha adquirido la imagen...
nostálgico que espera el regreso del padre.
Y luego tenemos "mi" Telémaco,
que no es en absoluto esta figura de la nostalgia,
sino que es la figura de quien emprende con audacia
un viaje proprio.
La Telemaquía es el viaje del hijo...
¿por qué es un viaje difícil,
valiente, peligroso? Porque Telémaco, nos dice Homero,
mientras va hacia rumbo a Pilos, rumbo Esparta,
en la búsqueda de información sobre su padre,
se arriesga a ser asesinado por los aspirantes
al trono, por los pretendientes.
Cada viaje del hijo,
que se asemeja al viaje de Telémaco,
es un viaje lleno de peligros.
Yo interpreto a Telémaco como figura de la audacia
y del viaje, y no de la espera nostálgica...
Y también añado que...
esta es la lectura paradojal que hago de la Odisea...
que solo gracias al viaje del hijo
se hace posible el regreso del padre.
No es el regreso del padre que salva al hijo,
sino el viaje del hijo
que permite el regreso del padre.
Llamo "Generación Telémaco"
a esa generación de hijos que son ustedes,
y también aquellos que estuvieron antes que ustedes,
que es la generación, digámoslo así,
post-funeral de Enrico Berlinguer.
Se podría decir así, que
con el funeral de Enrico Berlinguer,
damos sepultura para siempre a la imagen
salvífica del padre.
Pero esto es una onda larga,
es decir, nuestro tiempo
es el tiempo de la ausencia del padre... Nietzsche decía
que nuestro siglo es el siglo de la muerte de Dios,
por lo tanto, el cielo sobre nuestras cabezas está vacío,
el padre ya no es aquel que con un bastón
doblega la vida del hijo, pero tampoco es más
la brújula que orienta de modo
infalible el camino de los hijos.
Así que este es un tiempo
en el que debemos habitar este vacío,
habitar la ausencia del padre.
Que no significa añorar al padre tal como era,
porque nunca ha funcionado.
El padre del patriarcado,
el padre amo, el padre guía, el padre brújula,
es bueno que ya no esté más.
No debemos tener nostalgia
de esa representación de la paternidad.
Por lo tanto, se abre el tiempo del hijo,
el tiempo de Telemaco, el tiempo de la audacia.
Al mismo tiempo, necesitamos de padres,
pero no de padres amos, no de padres del patriarcado,
no de padres que tienen la última palabra
sobre el sentido de la vida,
sobre el bien, sobre el mal,
sobre lo justo, sobre lo injusto.
No de esos padres.
Esos padres, digamos,
fueron golpeados en el corazón por el '68,
que nos liberó de su sombra...
terrible. Nosotros necesitamos de otros padres...
de otro modo diferente de pensar al padre...
No del padre amo,
no del padre que empuña el bastón,
no del padre que tiene la última palabra.
Nosotros necesitamos de padres
...yo digo de padres testigos...
El acto de un docente es padre.
Cuando el presidente de la república,
nuestro presidente de la república,
toma la palabra
en momentos fundamentales
de nuestra vida colectiva, es padre.
El encuentro con un maestro es padre.
La escuela es padre.
Necesitamos de padres
que no tengan ya relación con
el ejercicio represivo del poder.
Sino que sean al mismo tiempo testigos, es decir
padres que no nos expliquen cuál es el sentido de la vida...
Los hijos no lo soportan...
Si yo le hablo a mi hijo que tiene la edad de ustedes...
le digo cuál es el sentido de la vida...
se va después de un segundo.
Un padre que no explique cuál es el sentido de la vida,
sino que muestre con su vida
que muestre con sus actos que la vida puede tener un sentido,
pero no que nos diga cuál es el sentido de la vida.
En este sentido precisamente
yo creo profundamente en los jóvenes
y los llamo la "Generación Telémaco", es decir,
experimentan el vacío del padre...
—del padre del patriarcado—
y deben emprender en un viaje
muy arriesgado, peligroso.
Podemos decir que este viaje
es el viaje que espera cada hijo,
que se llama herencia.
Ese viaje es "el heredar",
es decir, hacer nuestro lo que hemos recibido del otro,
incluso si solo hemos recibido patadas, heridas...
El mundo que se ha convertido en una tierra de conquista,
del capital... Claro, hemos recibido todo esto,
pero nuestra tarea
es hacer algo con lo que hemos
recibido. Heredarlo de un modo nuevo.
Por eso, concluyo, cada hijo,
como heredero, debe ser hereje,
es decir, debe esforzarse por encontrar su propio camino
singular para afirmar su propio deseo.
— ¿A quién le damos el micrófono?
Bien, ¿puedes decirnos tu nombre?
— Mi nombre es Alice Coppi y quería preguntarle,
usted habló antes sobre cómo un docente,
al entrar en una aula, debe encender un fuego
y un deseo de saber dentro del estudiante.
Creo que esto es muy complicado
en la actualidad y según usted, ¿cómo podría este docente
desencadenar este deseo de saber en el alumno?
—Yo pienso que la labor del docente es eso:
que la tarea de un docente
no es solo transmitir información, nociones...
las nociones,
la información son importantes, pero que no se reduzca a eso.
Se reduce a
transmitir el deseo.
No siempre sucede.
Recuerdo una vez que estaba presentando este libro
en un gran distrito escolar, intervino
un profesor que enseñaba física
en un instituto científico
y contó esta anécdota.
Dijo que cuando era joven y
cursaba en el instituto científico,
tenía un extraño profesor de física
que cuando daba clase
explicaba física en la pizarra...
Al final de cada clase estaba todo blanco.
La tiza lo tapaba, él salía
y la clase se burlaba
de este extraño modo de dar clases y de salir
como si fuera un panadero, todo manchado de harina.
Y una vez,
ahora que este joven
se ha convertido en profesor
y enseña en el instituto científico,
se dio cuenta de que al salir por la puerta de su aula
estaba todo "enharinado" de tiza y que sus chicos,
sus alumnos, sonreían.
Esto es un ejemplo de contagio.
Es decir, la transmisión del deseo se produce por contagio.
Si tú encuentras alguien que encarna el deseo...
esto te toca,
te contagia, deja un signo.
Entonces, tu pregunta contiene, para mí,
contiene otra implícita:
¿cómo hacemos para enseñar
a los docentes a enseñar?
¿Existe una escuela para que
los docentes puedan aprender a enseñar...?
Es un gran debate, obviamente.
Mi posición particular es que no,
no existe una escuela que pueda
enseñar a enseñar.
La capacidad de enseñar se genera por contagio,
por encuentro.
Tú encuentras un maestro
y ese encuentro deja en ti un signo
y ese signo se reproduce.
No hay una técnica.
Está claro que uno solo puede enseñar las cosas que sabe...
—no es tan obvio...
sobre todo en el ámbito universitario...
vemos cosas interesantes, digamos—
Hay quienes intentan enseñar lo que no saben.
Entonces, para enseñar debes enseñar lo que sabes,
pero la capacidad de enseñar lo que sabes
no es solo cognitiva,
también implica algo que arde.
Si no hay esa cosa que arde,
este fuego, el saber se transmite de manera árida
y genera esos efectos de aburrimiento,
de cabezas que caen sobre el banco,
que vemos muy a menudo en la escuela.
Mientras enseñé... durante quince años en Pavia, en la universidad...
enseñaba los miércoles por la mañana a las 9...
y cuando entraba al aula, mi primera consigna era
no los haré dormir.
Y este es
el primer requisito para enseñar,
que el alumno no debe dormirse...
que no es algo obvio.
Por lo tanto, que no se debe dormir significa...
no perseguir al alumno y hacer de prestidigitador...
Es decir, no soy un animador.
Si yo asumo el problema
de que no deben dormirse,
no puedo mantenerlos despiertos haciendo de animador,
porque no es mi tarea.
¿Qué puedo hacer?
Puedo, mientras enseño, aprender.
Si yo mientras enseño aprendo, los tengo despiertos.
Si en cambio, mientras enseño me aburro de mí mismo,
de lo que enseño, porque ya lo sé,
me apago.
Por eso, Giovanni Gentile, que fue un gran filósofo
también de la pedagogía, decía:
Lo cito...
"Sé que he tenido una buena hora de clase
cuando al salir del aula
advierto que he aprendido algo".
Este es el truco.
Que es un truco, pero es difícil,
porque sus docentes
son obligados por el Ministerio
a seguir programas de cierto tipo,
que se repiten por años,
y por lo tanto, aprender algo repitiendo
durante 10-20 años... en la universidad es más simple...
pero en una escuela secundaria es más complejo,
porque los programas son siempre los mismos,
los autores son siempre los mismos.
Por lo tanto, encontrar lo nuevo en lo mismo es un gran esfuerzo,
que a veces
incluso consume las energías de los mejores docentes.
Los muele, es una picadora de carne, como en Pink Floyd...
¿tienen presente The Wall?...
ahí son los alumnos que entran en la máquina
de picar carne, pero también los docentes.
Hay un docente que
debe explicar a Giovanni Verga en Italiano
durante 30 años,
con un tiempo limitado.
No es fácil que
mientras enseñe aprenda.
Creo que me explico.
Porque el dispositivo no lo ayuda...
Esto es como el secreto de los grandes amores. ¿No?
¿Cuáles son los amores que perduran en el tiempo?
Estar 20 años con la misma mujer...
o con el mismo hombre, ¿cómo es posible?
Es la misma pregunta.
¿Cómo puedo enseñar 20-30 años la misma cosa?
Es la misma cosa,
pero esta cosa debe aparecer ante mis ojos cada día nueva.
Sino, me canso.
Cambio mujer, cambio hombre.
Debo cambiar.
El truco es encontrar en lo mismo, lo nuevo,
pero es un ejercicio muy difícil.
encontrar en la misma cosa un pliegue que la haga nueva.
Tengo autores...
Freud, Lacan,
Sartre, Heidegger,
que estudio desde hace 30 años...
y cada vez... conozco sus textos
como conozco el cuerpo de mi mujer...
de la misma manera... todos los pliegues... cada rincón, lunares... todo
pero cada vez es nuevo.
Este es el misterio.
Cada vez es nuevo,
cada vez no uso las mismas palabras para decir
esas palabras.
Por eso, la enseñanza de un maestro debe ser siempre oral,
en mi opinión. Un maestro no lee,
es decir, lee para sí mismo, pero cuando da clases
debe correr el riesgo de la palabra viva...
precisamente para no anquilosarse,
para no quedar petrificado por la repetición.
La repetición es un gran problema de la escuela,
por eso muchos de nosotros
—pienso en mí mismo—,
han descubierto "La Divina Comedia" de Dante
o "Los novios", después
de la escuela, porque en la moledora...
en la picacarne de la escuela
se había convertido simplemente en una obligación,
algo que parecía aburrido
ya antes de leerlo,
y en cambio son dos obras maestras que uno puede encontrar,
tal vez después, con libertad,
y ver cuántos tesoros se ha perdido
y debe recuperar.
Esto es un ejemplo de cómo la repetición puede matar el deseo.
(Aplausos)
—Buenos días, me llamo Daniele Terlizzi,
soy estudiante de la especialización en turismo
del Isis Valdarno y
estoy en cuarto año,
y hablando de "Los novios",
usted ha introducido la pregunta que ahora le voy a hacer...
En la poética de Manzoni,
introduce el concepto de lo útil, que servía para educar
en los valores de la sociedad.
Ahora, su libro
¿sirve solo para educar en la enseñanza, es decir,
para el docente,
o quizás un estudiante puede tomarlo
como referencia para aprender, puede obtener el aprendizaje?
—Este libro... si hablamos de este libro, es un gran elogio
del encuentro.
La escuela, decía, un lugar de encuentros,
pero se puede decir, más en general,
que la vida de un ser humano está hecha
de encuentros,
está hecha de los encuentros que hemos tenido,
o más precisamente, como digo a menudo, somos
lo que hacemos de los encuentros que nos han hecho.
Y entre estos encuentros decisivos en nuestra vida,
que dan forma a la vida,
los que hacemos en la escuela son fundamentales:
con los maestros, pero también con nuestros compañeros,
con nuestras compañeras.
La escuela es un lugar donde uno se enamora, se encuentra,
nacen amistades,
nacen vínculos.
La escuela es una comunidad viva.
Por eso, en el tiempo del Covid,
hemos intentado mantener abierta la escuela
con la enseñanza a distancia (DAD)... ciertamente,
la educación se realiza con lo que se tiene...
En ese momento, teníamos solo eso...
yo mismo enseñé con la DAD
y di lo mejor de lo que podía
con un instrumento que es antididáctico por excelencia,
pero nosotros, ustedes, hemos perdido la vida de la comunidad
de la escuela, que es precisamente una vida hecha de encuentros.
En este libro hay un gran elogio del encuentro.
Hablo en la parte final de este libro del encuentro
con Giulia Terzaghi,
que fue mi profesora de materias literarias
en la escuela que les mencioné;
una escuela solo de varones.
Ya esto es aterrador.
Solo varones,
en la periferia de Milán, en Quarto Oggiaro,
un barrio donde a finales de los setenta había
drogas, terrorismo, criminalidad.
Y en este barrio abandonado de Dios,
en esta escuela
abandonada de Dios, llega esta joven
bellísima, docente de letras, de veinticuatro, veinticinco años,
y en una clase de veinte embrutecidos
como éramos
comienza a hablar con su vocecita sobre poetas,
de la literatura, de Manzoni,
de Calvino, de Ungaretti,
y yo la he tomado
como a un tren que pasa en una estación
donde no pasaban trenes desde
hacía un siglo, así que me aferré a ella
y ella me sacó de ahí...
Es decir, ha transformado mi vida.
que estaría destinada...
estaba destinada a convertirse en la de un floricultor...
lo digo con todo respeto...
y que se convirtió en otra forma de vida,
porque me abrió un mundo
que yo no imaginaba ni siquiera que existiese.
Este es el encuentro.
Por eso,
este libro es un gran elogio del encuentro.
Los encuentros son eso que modifica
la trayectoria de nuestra vida.
Hay un término filosófico
de los atomistas antiguos que dice qué es el encuentro.
El encuentro es un clinamen.
Clinamen quiere decir
pequeña desviación.
Si piensan en cuando llueve... el vidrio
sobre el cual se depositan las gotas...
De niño yo quedaba encantado
al ver el movimiento de las gotas sobre el vidrio
cuando llovía.
Ven la gota que desciende, perpendicular...
luego en un cierto punto encuentra otra gota y desvía
su movimiento y después otra gota
y después se produce una concatenación
imprevisible.
Nosotros somos eso.
Somos gotas
cuya caída perpendicular es siempre disturbada,
perturbada, alterada de modo aleatorio
por encuentros imprevisibles...
y nosotros nos convertimos
en lo que hacemos de esta imprevisibilidad.
Giulia para mí fue la gota que
ha modificado mi caída
perpendicular.
En este sentido, "L'ora di lezione" es un
elogio del encuentro.
En este sentido, cada encuentro es un encuentro de amor.
—Yo soy Nathan Neri y quería preguntarle...
Ud. ha hablado precisamente de la didáctica a distancia.
Quería preguntarle
con la llegada de estas nuevas metodologías
de enseñanza
que se alejan del
encender el deseo en los chicos,
¿será posible
será posible a largo plazo mantener viva la única
metodología que permite a chicos
sentirse vivos y, sobre todo, sentirse deseosos
de conocer siempre?
— ... ¿que sería...?
—... que sería despertar el alma...
En mi visión,
hacer despertar el alma,
encender el deseo y
querer siempre conocer.
— Entonces, quizás yo sea la persona equivocada
para responder a esta pregunta,
en el sentido de que,
como les dije,
yo consideraba a la DAD
obviamente contra natura
respecto a la vida de la escuela, pero la consideraba también
una respuesta,
la única posible, necesaria, en un tiempo de emergencia.
Por eso hice la DAD
y lo hice, repito, dando lo mejor de mí mismo.
Yo sé que ustedes en esta escuela
experimentan con diversos entornos de enseñanza,
y pienso que es una experimentación loable.
Yo soy un viejo profesor,
pertenezco al novecientos,
digámoslo así. Mi formación
es la formación de un hombre del novecientos,
yo doy clases con tiza y pizarrón...
todavía hoy...
son mis últimos años de enseñanza en la universidad,
pero lo hago así...
lo hago desde el escritorio...
Debo decirles también
que no permito a los alumnos intervenir
durante mi clase,
sino al final de la clase.
Soy un viejo profesor.
— Hola, mi nombre es Ciro.
Durante mis años de escuela,
en todos los que me rodearon
y también dentro de mí,
me ha parecido siempre sentir la ausencia de un motivo.
La ausencia de un motivo para venir a la escuela, para estudiar,
para comprometerse. O sea, en este sentido...
y mi pregunta es
¿de quién es la culpa
y quién debe arreglar esto?
Usted ya me ha respondido en el sentido
de que mucha es del profesor,
que muchas veces me pareció que
esperaban que nosotros la tuviéramos, por default.
A menudo me pareció que no la tenían ellos.
Pero me pregunto
si este desánimo
no proviene también de fuera de la escuela,
si no es algo anterior...
en el sentido
de que siempre...
de estudiantes...
que es lo que somos estudiantes en su mayoría...
en mayor medida somos estudiantes
pero que también venga de fuera de la escuela.
— Fuera de la escuela, es indudable
que hay un discurso culpable,
del cual la escuela padece los efectos,
docentes y alumnos. ¿Cuál es el discurso culpable
fuera de la escuela?
Es un discurso que toma muchas formas,
pero que podemos sintetizar con
el discurso que hace prevalecer el goce inmediato
por sobre la dialéctica
del deseo.
Goce inmediato quiere decir
un cortocircuito entre el sujeto y el objeto.
Este objeto puede adoptar varias formas: puede ser
el objeto tecnológico,
pude ser el smartphone,
puede ser la droga,
puede ser el alcohol,
puede ser una cierta imagen de nosotros mismos...
Es decir, nuestro tiempo es un discurso culpable
en la medida en que sostiene
que el objetivo de la vida
sea gozar inmediatamente.
Y cuando tú introduces
en contra del impulso
hacia un goce inmediato, elementos de pausa,
de interrupción,
de discontinuidad, estos son rechazados.
El estudio, la formación,
la cultura, la lectura
son elementos de discontinuidad
respecto al goce inmediato.
Nuestro tiempo esponsoriza
la dimensión inmediata del goce.
Mientras la formación es un recorrido largo,
es un recorrido largo, tortuoso,
hecho de pruebas, de obstáculos, de tropiezos y de extravíos...
En cambio, nuestro tiempo sostiene el mito
del goce inmediato,
el mito del éxito individual,
el mito del provecho,
que son todos mitos que excluyen el tiempo...
de la formación.
Esta es la culpa del discurso contemporáneo
en el que estamos inscritos,
para el que todo debe ser inmediatamente productivo.
Mientras tanto la escuela, por ejemplo,
debería ser el lugar de un tiempo
generativamente improductivo.
Pasar... no sé... algunas horas leyendo una poesía...
lo puedes hacer solo en la escuela.
Fuera de la escuela, todo es inmediatez,
necesidad del goce inmediato.
Este parece ser el trasfondo. El trasfondo es este nuevo...
yo lo llamo... neototalitarismo del objeto,
el objeto que domina.
Domina sobre cada cosa.
La escuela es el lugar de la cultura.
El objeto de la cultura no es un objeto inmediato.
Es un objeto que implica esfuerzo, distancia, trabajo.
Hablamos de encender el deseo, pero una
vez que el deseo se ha encendido,
viene la necesidad
del trabajo, del esfuerzo, de la dedicación,
del tiempo largo.
Porque solo del tiempo largo nace el pensamiento.
Y ahí la escuela padece
esta preeminencia
del mito hipermoderno del goce inmediato.
Porque dilata el tiempo.
Uno puede decir: voy a la escuela,
¿y entonces qué tengo?... en el tiempo...
Es necesaria una disciplina del tiempo.
Por ejemplo, estudiar
implica un esfuerzo
que se extiende en el tiempo,
que no da inmediatamente
un goce inmediato.
Implica un diferimiento del goce.
Al mismo tiempo, si yo estudio lo que amo,
mientras me esfuerzo en el estudio,
gozo en el estudio.
Esto es también
lo que debería definir una formación.
Siempre estamos acostumbrados a pensar que
por un lado está el deber
y por otro el deseo.
O sigo el sentido del deber o el sentido del deseo...
El deber es enemigo del deseo.
Somos habituados a... Debo ir a la escuela...
y mi deseo sería hacer otra cosa.
Deber y desear, en nuestra cultura, están como separados.
¿Cuándo hay efecto de formación?
¿Cuándo hay verdadera formación?
Cuando el deseo y el deber convergen.
Cuando no son enemigos,
sino cuando yo deseo lo que debo hacer...
y lo que debo hacer es expresión de mi deseo.
Esta es la salvación, eh?
Yo les auguro
que ustedes lleguen a este punto de convergencia
en el cual se encuentren
debiendo hacer lo que desean.
Si uno debe hacer lo que desea,
entonces su vida es bendita...
como puede ser bendita una vida sobre esta tierra...
Eso que tú dices... el desánimo...
Una separación entre el deber y el deseo.
Debes estudiar,
¿pero cuál es el deseo...?
Bueno, es necesario trabajar para hacer converger
el deseo con el deber,
para hacer del deseo la forma más elevada del deber.
La vida se salva cuando...
el propio deseo,
nuestro deseo,
se convierte en la forma más alta del deber.
Les hablo también como docente.
Cuando estoy en el aula, debo estar ahí
un determinado tiempo,
debo respetar reglas,
pero cuando estoy en el aula,
por un sentido de deber,
no deseo estar en ningún otro lugar.
Es decir, el deber se esposa con el deseo.
Un alumno siente si el profesor, mientras habla,
desea estar allí o en otro lado con su cabeza.
Pero lo que hacemos bien,
cuando hacemos bien las cosas,
es cuando el deber
es deseo y el deseo es deber.
Hay una palabra que viene de la cultura protestante,
que es "Beruf", que en alemán quiere decir
vocación. La vocación es
la posibilidad de
mantener juntos el deseo y el deber.
No piensen que el deber está en oposición al deseo.
— Buenos días, me llamo Daniele.
Mi pregunta surge en realidad
de una situación
familiar.
cuando me encuentro hablando
con mis padres sobre
mis profesores
o quizás de mis relaciones con ellos,
noto una
gran diferencia entre lo que es
para mí la relación con los profesores y lo que era
antes... al escuchar hablar, por ejemplo,
a mi padre... él notaba casi un sentimiento de temor
hacia lo que era la figura de un profesor.
Mientras quizás yo veo
al profesor más de una manera más convivencial,
como si fuera casi un amigo.
Yo creo que ahora es distinta
la relación profesor-estudiante
respecto a como era quizás
la generación de mis padres.
Entonces, mi pregunta es,
según usted, es algo positivo
o tal vez es una cosa que quizás
que no es así...
no es positivo
y puede ser negativo, este discurso
de una relación casi... no digo de amistad,
porque siempre hay una distancia...
pero esta relación es mucho más
tranquila y despreocupada en comparación
con este sentido de temor que había antes...
— Yo no soy un nostálgico del pasado.
Antes no funcionaba.
"Antes" significa antes de '68.
Fundamentalmente,
porque ha sido la protesta del '68
la que ha modificado estructuralmente
la forma de pensar la relación incluso entre
profesores y estudiantes.
Antes un profesor entraba en el aula,
se guardaba silencio
inmediatamente,
pero era un silencio mezcla...
como tú dicés, de respeto y de miedo.
Estaba el crucifijo...
el presidente de la República...
y en algunas escuelas también se rezaba...
¡hablo de escuelas laicas...!
se tomaba asistencia
En una familia también cuando
la palabra del padre se alzaba
pero ni siquiera la palabra, la mirada del padre,
o la voz gruesa del padre,
la mirada severa, la voz gruesa, eran suficientes para
generar un silencio
que mezclaba respeto y miedo,
respeto y terror.
No debemos tener nostalgia de esos tiempos.
Esos tiempos eran tiempos represivos.
Al mismo tiempo
es necesario tomar cuenta de un riesgo que se está corriendo,
esto es, el riesgo de que
la diferencia entre las generaciones,
no solo entre profesores y alumnos, en general,
la diferencia entre las generaciones
que es fundamental preservar,
tienda a disolverse.
Hay padres que se visten como sus hijos,
hablan como sus hijos,
salen con mujeres de la edad de sus hijos,
juegan con los juguetes de sus hijos.
Estamos en un tiempo en el que la diferencia simbólica
entre las generaciones
tiende a perder consistencia
y, por lo tanto, a crear una melaza,
una confusión entre las generaciones.
Esto también sucede en la vida de la escuela.
Recuerdo una conferencia,
una intervención de un docente que se jactaba
de recibir las confidencias más íntimas de sus alumnos,
presentando esto
como ejemplo de un clima empático
que lograba crear en la clase.
Yo creo que la tarea del profesor
no es ser el psicólogo,
no es hacerse amigo
de sus alumnos,
que la tarea de un profesor es enseñar.
Y la prevención primaria, llamémosla así técnicamente,
es decir, el hecho de que la escuela actúe
en el amplio terreno de la prevención,
está dada precisamente
en la capacidad de enseñar.
Si un profesor enseña bien física,
matemáticas, idiomas,
filosofía, etc.,
favorece, digamos
la distancia de sus alumnos de malas prácticas.
Es la cultura... que ya es una vacuna...
contra el riesgo de malas prácticas.
Así que la simetrización de la relación
lleva consigo el riesgo de una pérdida
de la diferencia simbólica entre las generaciones
que es fundamental preservar. <i>(suena la campana de la escuela)</i>
La palabra de un docente
no puede equivaler a la palabra de un alumno.
La palabra de un padre o una madre
no puede equivaler a la palabra de un hijo.
Quiero darte solo este ejemplo clínico muy simple.
Si una madre...
si un padre es
insultado por un hijo,
si una madre es insultada por una hija,
lo cual sucede,
no digo a diario, pero sí muy frecuentemente,
el insulto
que se puede decir en un momento de crisis, de ira,
de rabia, etc.,
no deja ninguna marca en el padre.
El insulto de una hija hacia una madre
no deja ninguna marca en la madre.
Pero si lo invertimos,
el insulto de un padre hacia el hijo
deja huellas,
porque la palabra tiene otro peso.
Si un padre le dice a un hijo 'eres un cretino'
y este 'eres un cretino' se repite en el tiempo,
esta palabra se vuelve un proyectil.
Si el adolescente enojado le dice 'cretino' a los padres,
este 'cretino' entra
por un oído y sale por el otro, no deja ninguna huella,
no tiene peso.
Lo mismo ocurre en la relación
entre profesor y alumnos...
la palabra de un
profesor tiene un peso,
debe tener un peso.
Hay una palabra en hebreo que traduce el mandamiento
que expresa la Torá:
Honra al padre y a la madre.
'Honra' viene de
'kavod', que significa
tener un peso.
Honrar es dar peso.
Así la palabra de un profesor,
al igual que la de un padre,
tienen un peso.
Para bien y para mal.
¿Ha sonado la campana?
—En nombre de Moby Dick,
te agradecemos... todos estos chicos que me emocionaron
porque los miraba
y estaban muy atentos, hermosos y muy talentosos.
Gracias, profesor,
gracias a esta maravillosa escuela,
al alcalde Chieni y a Moby Dick.
Traducción y subtitulado: Marcelo Robledo robledomarc@gmail.com
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